Falacia del gato que ladra

De Liberpédia

La falacia del gato que ladra consiste en atribuir a una institución las propiedades que se desea que tenga, sin explicar qué reglas e incentivos podrían producirlas. Desear un Estado que respete los derechos individuales no demuestra que un monopolio coercitivo pueda cumplir esa condición.

El gato de Friedman

Milton Friedman empleó la analogía en «Barking Cats», publicado en Newsweek el 19 de febrero de 1973, para responder a quienes querían reformar la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). Su objeción apuntaba a las presiones institucionales, no simplemente a la buena o mala voluntad de sus responsables.[1]

Español

«Me gustaría tener un gato, siempre que ladrara».

Original en inglés

“I would like to have a cat, provided it barked.”

Del deseo a la explicación

«Apoyo al Estado, siempre que proteja los derechos» expresa una condición. Para defender ese proyecto hace falta explicar cómo se financiaría, qué impediría que agrediera a competidores pacíficos y qué consecuencias tendría para sus agentes vulnerar derechos. Cambiar a los gobernantes no responde por sí solo a esas preguntas.

La comparación con el gato tampoco demuestra que toda reforma sea imposible. Su fuerza depende de identificar los mecanismos que frustrarían la reforma propuesta. Si basta con llamar «gato» a una institución para dar por demostrada su conducta, la analogía sustituye al argumento que debía ayudar a explicar.

Véase también

Referencias